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Nueva publicación "Historia social de la música popular chilena. 1950-1970"
Las décadas en que Violeta Parra y Los Beatles se disputaron a la juventud
por Evelyn Erlij
El Mercurio de Santiago
Miércoles 25 de noviembre de 2009


"Historia social de la música popular chilena. 1950-1970". Juan Pablo González, Claudio Rolle y Óscar Ohlsen. Ediciones UC, 800 págs., más CD con 30 tracks. $29.000. En librerías desde el 01/12/09.
Hoy suena curioso, pero el éxito de "Te perdí" del Pollo Fuentes por sobre Los Beatles no fue extraño en su tiempo. En los años 50 y 60, la música popular chilena no sólo vivió un boom y experimentó cambios radicales, sino que también se caracterizó por el eclecticismo en los estilos y por la irrupción del adolescente en la industria. Una nueva investigación de tres académicos de la UC revela las particularidades de esta época.

Era el fin de un año agitado para John, Paul, George y Ringo. El recuento final de 1964 para Los Beatles daba como resultado dos discos, una película, una infinidad de singles número uno y multitudinarios conciertos en Hong Kong, Francia, Australia y Estados Unidos. A esas alturas, el cuarteto tenía a medio planeta postrado a sus pies y Chile no fue la excepción: desde noviembre de ese año en adelante, ningún grupo o cantante pudo competir contra ellos en las listas de popularidad nacionales.

Ninguno, hasta abril de 1965, cuando llegaron Los Huasos Quincheros con su versión de "El corralero" y desplazaron a los Fab Four del primer lugar de los rankings. En definitiva, el famoso estribillo "cómo pretende que yo/ que lo crié de potrillo/ clave en su pecho un cuchillo/ porque el patrón lo ordenó" logró llegar más profundo al corazón de los chilenos que las "lolas" letras de hits como "No puedes comprarme, amor".

Por ese entonces, cuecas y tonadas eran ritmos popularizados por estrellas nacionales como Silvia Infantas y Ester Soré, además de formar parte de la música de fondo en las noches de diversión bohemia en cualquier boite de la capital. Y la tonada de Los Huasos Quincheros no será la única tendencia musical que venza al rock and roll. Años más tarde, durante la misma década, el Pollo Fuentes -el gran ídolo chileno de los años 60 junto a Cecilia-, Raphael e Isabel Parra, entre otros, también lograrán robar el preciado número uno a Los Beatles.

Estos ejemplos son una muestra del eclecticismo que dominaba el gusto popular de esos tiempos, pero también son un reflejo del auge del folclor en sus distintas vertientes -a pesar de la avasalladora presencia extranjera- y de la aparición de la mujer en la escena nacional, dos de los grandes cambios que marcan la industria musical entre 1950 y 1970. Ese período es, precisamente, el que abarca el segundo volumen de la investigación "Historia social de la música popular chilena" del musicólogo Juan Pablo González y del historiador Claudio Rolle, a quienes se unió en esta edición un tercer académico de la UC, el guitarrista Óscar Ohlsen.

"Se trata de las dos décadas en que más fenómenos ocurren en relación a la música popular en Chile", explica González. "Es un período en que hay mucha música estadounidense, europea y latinoamericana. Pero, al mismo tiempo, también hay una fuerte propuesta chilena en el ámbito del bolero, del folclor y del incipiente pop, las tres corrientes que generarán los grandes hitos que tiene este país en música popular, desde Lucho Gatica hasta Violeta Parra", afirma el musicólogo.

En el texto están revisados todos los movimientos, géneros y tendencias musicales que marcaron la época -como la balada, la cumbia, la Nueva Canción, el rock y el pop-, pero también explora las transformaciones sociales y culturales que afectaron tanto a la industria discográfica como a la sociedad de entonces, sacudida en todo el mundo por los embates de la Guerra Fría. Todo cambiará en la música popular después de los 50 y los 60, y el culpable será un nuevo actor social: el adolescente, productor y consumidor de los nuevos ritmos, costumbres y modos de vivir.

El tocadiscos en la pieza

Los rankings musicales demuestran la diversidad de ritmos que reinaban en esos años, pero también son, en sí mismos, el reflejo de dos fenómenos transversales que impactan en la música popular: la enorme influencia de los medios de comunicación y la emergencia de la cultura juvenil dentro de la industria cultural. Esto, no sólo porque las listas de popularidad eran publicadas en revistas dedicadas sólo a los jóvenes -Ritmo, Rincón Juvenil, El Musiquero-, sino además porque la medición reflejaba el consumo de los adolescentes, los principales compradores de discos de entonces.

En las portadas y páginas de esos medios brillaban desde figuras de la llamada Nueva Ola hasta cantantes del neofolklore como Pedro Messone o de la futura Nueva Canción Chilena como Patricio Manns, todos iniciados como ídolos juveniles. "La música popular implica el cruce de ideas, sonidos, actitudes, formas de circulación, consumo y difusión que se expresan en productos como discos, revistas, fotografías y otras expresiones, las que permitieron una potente entrada de la cultura juvenil en la vida nacional", señala Claudio Rolle.

Asimismo, los avances tecnológicos permitieron una mayor autonomía del adolescente: "A partir de los 50, los chicos pueden comprar discos más baratos y escucharlos en el famoso pick-up , aparato que desde entonces pueden tener en su pieza. Antes de eso, el sonido era controlado por el padre, ya que normalmente el equipo de música estaba en el living", explica González.

Esta mayor independencia también tendrá que ver con una revolución en las formas de hacer música. "Los jóvenes empiezan a tener en sus manos la posibilidad de producir un sonido que antes sólo podían reproducir las orquestas profesionales para bailar, que solían estar compuestas por veinte músicos. Con el rock and roll y los instrumentos amplificados, todo se reduce a lo que se llama power trio: bajo eléctrico, guitarra eléctrica y batería con micrófono", detalla el musicólogo.

Se prohíbe bailar en la sala

"Columbia Pictures y la empresa Teatro Real ruegan al público asistente mantener la calma durante las exhibiciones de la película" era el aviso que se mostraba en 1956 previo a la proyección de la famosa película "Rock around the clock", protagonizada por Bill Haley and His Comets. La música de la cinta provocaba desenfrenados bailes entre los jóvenes espectadores, pero también les enseñaba cómo tocar sus primeros acordes rocanroleros. A esas alturas, los adolescentes no sólo eran los grandes consumidores de música popular, sino también sus principales protagonistas.

"Claramente, los solistas y grupos chilenos fueron, al menos en sus comienzos, émulos de los ídolos juveniles norteamericanos, como por ejemplo Peter Rock, que partió imitando a Elvis Presley", señala Óscar Ohlsen sobre una de las figuras juveniles emblemáticas del rock and roll en Chile, que comenzó su carrera a los catorce años de edad. Lo mismo ocurrió con otras estrellas de la llamada Nueva Ola, agrega el guitarrista: "Los Carr Twins, modelados al estilo de los Everly Brothers; Danny Chilean en el estilo de Frankie Avalon, y Fresia Soto, transformada en la Brenda Lee chilena".

Pero no todo fue imitación o rock and roll: "Los cantantes melódicos chilenos, como Lucho Gatica y Antonio Prieto, que hicieron sus carreras fuera de Chile, crearon estilos propios y gozaron de una inmensa fama internacional", agrega Ohlsen sobre las dos estrellas chilenas más grandes del bolero.

Aun así, a lo largo de las dos décadas que abarca el libro, se ve una industria musical chilena siempre pendiente de lo que ocurre en el extranjero -incluso Violeta Parra y Víctor Jara manifestarán su aprecio por los Beatles- y constantemente tomando préstamos de ritmos foráneos. Que Palmenia Pizarro haya sido elegida la cantante más importante del folclor peruano o que Ginette Acevedo se haya destacado por sus grabaciones de repertorio litoraleño y paraguayo son una prueba de ello.

Esto explica, en parte, el rotundo éxito de artistas extranjeros en suelo nacional, como Charles Aznavour, cuyas canciones eran las más demandadas en la sección de guitarra de las revistas juveniles, o Raphael, el artista más popular en el Chile de los 60 al lograr 61 presencias en los rankings entre 1967 y 1970. "Esa mirada hacia afuera de Chile tiene que ver con nuestro aislamiento geográfico y con una manera de estar al día y traer el mundo para acá. Y eso está en todos los estratos sociales, lo que se percibe, por ejemplo, en el gusto por la música mexicana y la cumbia en el campo", explica González.

Este fenómeno también se refleja en una mezcla de ritmos que caracterizará, a nivel general, a la música popular chilena. Es el caso de la Nueva Canción -donde se destacan Violeta Parra, sus hijos Isabel y Ángel, Víctor Jara y el mencionado Patricio Manns-, movimiento que incorporará ritmos latinoamericanos al folklore nacional.

Y existen más ejemplos. "A nadie en el mundo se le había ocurrido tocar una balada o bolero acompañado con un grupo de rock que tocaba funk, como a Los Ángeles Negros. Tampoco mezclar rock y música andina, como en el caso de Los Jaivas. En base a las importaciones hacemos las mezclas, y esto hace que los músicos chilenos sean muy dúctiles", afirma Juan Pablo González.

Desde esta perspectiva, no es de extrañar que "Te perdí" haya desplazado a "Yellow submarine" en los rankings, ni que Los Huasos Quincheros hayan derrotado con sus guitarras al rock de Los Beatles. "El Festival de Viña también es una muestra de ese eclecticismo", agrega el musicólogo. De qué otra forma podría entenderse un espectáculo que en 1991 tuvo a la banda de rock Faith No More, a la cantante pop mexicana Yuri y a la fusión chilena de Congreso en el mismo escenario.



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