Pablo Neruda y Acario Cotapos elevando volantines en Isla Negra.
La periodista María Elena Hurtado lanzó "Acario, un músico mágico", un muy bien documentado libro que rescata el genio y la figura de uno de los creadores más singulares de nuestro país.
"He conocido en mi vida a mucha gente de gran importancia, desde James Joyce hasta Gagarin. Pero sólo dos personalidades recordaré siempre como genios personales y únicos: Federico García Lorca y Acario Cotapos".
Lo dijo Pablo Neruda en el entierro de Acario Cotapos (1887-1969), uno de los más singulares artistas que han nacido en Chile, por la originalidad de su música y por su personalidad lúdica. El propio García Lorca reconoció que con él descubrió su sentido del humor. "Allí va Acario, con su vientre Jesús", decía del músico chileno, que a sus 50 años de entonces se instala en 1938 en Madrid, en la naciente República.
Juntos animaban las tertulias. García Lorca se ponía un pañuelo en la cabeza y jugaba a confesarse con un Cotapos que le imponía penitencias. El diálogo parecía de locos, pero era de genios. Otras veces se les sumaban Neruda y Guillén y llamaban por teléfono a Juan Ramón Jiménez, para decirle, riendo, que tenían un mensaje urgente de parte del Burro Platero.
De Cotapos hay miles de anécdotas. La clásica: cuando vivía en un subterráneo húmedo de París. En cama, agripado, siente un ruido descomunal. Una pared se desploma y aparecen, entre nubes de polvo, obreros con picotas, y un alcalde con banda tricolor. Suena "La Marsellesa". Cotapos estornuda, y los obreros le gritan: "Eh, levez-vous, le burgeois, levez vous!". Estaban inaugurando una nueva línea del metro. "Desde que me contó esta historia, decidí ser su amigo, o más bien su adepto o discípulo (...). No quise perderme nada de lo que le pasara en su vida. Y como le sucedían tantas cosas extraordinarias, lo seguí a través de varios países", explicaría Neruda.
Pero Cotapos fue también un compositor de vanguardia. "No hay otro músico en Chile que haya volado más alto que él, impulsado por su imaginación y enorme fantasía (...). El caos y el desorden los transformó en los materiales más elocuentes de expresión", ha dicho el compositor Juan Orrego-Salas.
A saldar la deuda que tenemos con él, llega "Acario, el músico mágico", biografía realizada por la periodista María Elena Hurtado, a partir de entrevistas y su correspondencia privada, a la que tuvo acceso por ser su sobrina. "Además de ser intelectual y musicalmente privilegiado, era tremendamente amistoso, genuino, culto, positivo, generoso, un amigo leal y un personaje inolvidable", cuenta ella. "Nadie quería perderse las fabulosas historias que creaba, y actuaba con tanto lujo de detalles, con tantos gestos y ruidos, que transportaba a su audiencia a otros mundos. Por ejemplo, fascinaba a los niños con su circo en el que hacía de caballo, de mujer trapecista, de payaso, de elefante amaestrado, de anunciador; todo esto, con música de circo, sin faltar el redoble de tambores".
Un pájaro burlón
Acario Cotapos siempre habitó en minúsculos cuartos de hotel, en ciudades como Nueva York y París. Hasta que abandona su vida errante, en 1951, y adquiere un departamento propio en Santiago.
Sin embargo, fue amigo y cómplice creativo de artistas como Picasso, Tzara, Giacometti y del Valle-Inclán, y de músicos como Varése, Messiaen o Celibidache. Autodidacta, sus obras no adhieren a escuela ni corriente alguna. Su agógica -ligeras modificaciones de tempo - es sorpresiva e impredecible. A través de una multitud de tonos y una dinámica extrema, construye un timbre característico.
Fue parte del Grupo de los Diez, con Pedro Prado, y acusó el impacto de Stravinsky, Ravel y Schoenberg en una época en que, en Chile, se imponía la ópera italiana. "Hablar de música clásica era de mal tono", recuerda un tertuliano en el libro.
Cotapos empezó muchas partituras, pero completó muy pocas. Solía hacer variaciones para distintos formatos instrumentales y así las iba estrenando, en salas como la Gaveau de París. Sucede con su tragedia pastoral "Voces de gesta" (en 1927) y con "Cuatro Preludios Sinfónicos" (en 1930). Ésta, para el compositor Fernando García es "una de las obras más importantes del siglo XX en Chile".
En 1960 recibe el Premio Nacional de Música y se estrena en Chile una versión sinfónica de lo que lleva compuesto de su ópera "El pájaro Burlón" (la única ópera que completó fue "Semíramis"). Antes, había estrenado "Imaginación de mi país" y "Balmaceda", para narrador y orquesta, en Chile y en París.
Neruda, quien en 1961 escribe Oda a Acario Cotapos, le dedicaría poco antes de su muerte, en 1969, el poema "El pájaro corolario, Minus Cothapa".
Vicente Huidobro se había anticipado en décadas: "Lo más interesante que he visto en Nueva York es, desde luego, Acario Cotapos. En Nueva York hay rascacielos, teatros, puentes, divorcios, aviadores y boxeadores. Pero Acario Cotapos vale más que mil rascacielos, 500 puentes y 2.000 divorcios".
A toda orquesta
Acario Cotapos
"Se ha hecho mal uso de lo anecdótico en relación con mi persona. Estoy aburrido de ser cómico. De que cosas que hago en pequeño comité luego se propaguen a todos los vientos. He hecho lo suficiente en mi vida para ser tomado más en serio. Pero eso no impide que conserve mi buen humor y un excelente apetito".
Camilo Mori
"Ser complejo, polifásico, poliforme, policromo, polifónico, policromático, multifacético (desgraciadamente no multimillonario), políglota (imita muy bien cuanto idioma existe...) y cuantos POLI más, que no recuerdo, puedan servir para definir al personaje que, finalmente, no es sino un músico a toda orquesta"